domingo, 8 de julio de 2012

Shame

Sobre Shame se ha dicho de todo. Hay quien alaba la profundidad de sus personajes y hay quien sólo ve las numerosísimas escenas de sexo explícito que se suceden a lo largo de toda la película.
A mí personalmente Shame me supone un serio problema. Cuando no me gusta una película porque "se me hace rara" tiendo a pensar que el problema es mío, que yo no he entendido lo que intentaba transmitir. Por eso le he estado dando tantas vueltas desde que la vi, hace ya una semana. 
Creo que mi problema con Shame es que la encontré lenta. La historia en sí no es mala y los actores principales, Michael Fassbender y Carey Mulligan, están espléndidos pero el desarrollo de la acción es muy lento. De hecho, casi no hay acción ni, en mi opinión, suficiente diálogo que lo compense. 
Cuando se tratan temas tan personales y se intenta desnudar el inconsciente de un único personaje se corre el riesgo de caer en lo que podemos llamar "PowerPoint de cantautor": una sucesión de imágenes con poco o ningún movimiento y una canción melancólica de fondo. Es más o menos lo que ocurre en Shame, sobre todo en su planteamiento. 
Quizá lo que hace "rara" a Shame es que buena parte de su contenido lo tiene que deducir el espectador. Hay que analizar cada pequeño gesto de los actores, cada mirada y lo que provoca o deja de provocar. Hay que suponer, presuponer, deducir. Mucho. 

Os dejo con la versión de Carey Mulligan de "New York, New York", una de las mejores escenas de la película, si no la mejor. Para que veáis hasta qué punto tienen peso (y calidad) los actores en Shame.

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